Silencios contados a media voz. Sonrisas
quietas en labios mudos. La historia de una vida y de las vidas que acompañaron
a ésta. La historia de mis gentes, de nuestras gentes, de una guerra entre
hermanos. Historias de la historia trazadas con una pluma ágil, costumbrista,
tan experimentada y precisa como lo es la de los mejores narradores
contemporáneos. Todo eso y más es, Las palabras del viento, de María Narro. Una
obra que, sin lugar a dudas, se merece un puesto destacado en nuestra narrativa
contemporánea. Una historia que te arrancará sonrisas, lágrimas y admiración,
como suele hacerlo un trabajo preciso y lleno de magia”
Antonia J
Corrales. Escritora y Correctora
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Fue un amago de Guernica, lo has hecho de maravilla. Con esa sensibilidad
que roza el dolor sin perder la sonrisa. Sigüenza se merece un sitio en la
historia que le corresponde.
Y tú la has colocado donde se
merece...
Almudena (Madrid)

La novela...

La novela...
(cada capítulo lleva nombre de mujer)

12 oct. 2011

Prólogo






No se es escritor por decir ciertas cosas,
sino por decirlas de cierta manera.
Jean Paul Sartre



Podría pensarse que sobre la guerra civil española está todo dicho. Que cualquier intento de ahondar en dicha materia se encontrará con un material poliédrico que ha sido moldeado en infinidad de formas, sesgado según tal o cual ideología o cortado por la mirada de grupos fácticos -que aún subsisten- que intentan mantener izada las banderas que ondearon en uno u otro bando, en ese trienio fatídico que conmocionó a los habitantes de España.
Pero no es cierto. Ningún tema se agota y menos para la narrativa. La guerra civil española, como todas, son y seguirán siendo fuentes inagotables para el creador. Delatan el fracaso de la sociedad para resolver los problemas sin necesidad de llegar al enfrentamiento, a la tragedia, al horror desbocado sin posibilidad alguna de control.

La escritora María Narro con su novela Las palabras del viento es un vivo ejemplo de lo que digo. Decía Carlos Barral en un texto denominado Poesía no es comunicación, publicado en el número 23 de Laye “que la poesía es ante todo un medio de conocimiento, y en primer lugar, para el poeta”. Si extrapolamos lo dicho por Barral a la novela que tiene entre las manos, nos encontramos ante una prosista que al escribir Las palabras del viento ha realizado un duro camino interior. Porque aparte de describir un mundo muy aproximado al que debió vivirse en las épocas a las que hace referencia, Narro se crece con las palabras, los sentimientos y las vicisitudes de sus personajes.

No hay finalidad ideológica en este libro, tampoco experimentación alguna. María Narro escribe por placer, por necesidad… quizá como un intento más en su vida de superación de obstáculos, de allanar barreras que coarten la libertad –en sentido amplio- de todos.
Sus personajes son seres desvalidos e inseguros arrastrados hacia la duda existencial, al colapso del raciocinio por la vorágine de la guerra primero, y de las consecuencias derivadas de la misma después. Con un lenguaje sencillo, coloquial diríamos, viene a afianzar aún más la fortaleza de los seres que pueblan la novela.
El tema principal de la misma es la muerte. La muerte física pero también todas las muertes que la represión, el miedo y la falta de libertad provocan en el ser humano: la cosificación del individuo.
Las palabras del viento no es una novela lineal. Su autora presenta unos hechos acaecidos en el presente y, a través de los parentescos de los personajes, de los recuerdos, o de los desencadenantes que hicieron de los mismos lo que son, regresa al pasado para encontrarse con la guerra civil, epicentro único de los males que arrastran en la mochila los contendientes y todos sus descendientes.
En esta novela existe un útero, una caverna, un lugar como el ideado por Platón, en donde aquellos que aún pueden pensar intentan reorganizar sus vidas, la vida, ajenos a los mensajes contradictorios que llegan del exterior.
Narro ha encontrado un estilo personal que le permite dar forma a cuanto en su interior bulle o intuye que está encarcelado en los demás: en los otros, en todos. Los personajes están definidos por sus comportamientos y en su estructuración utiliza el desorden cronológico y el contrapunto.

Esta nueva novela que María Narro nos presenta supone alejarse de las banderas de la contienda, que tanto daño hicieron a los moradores de este solar que habitamos, para acercarnos a la soledad y el sufrimiento del ser humano ante la catástrofe que toda guerra supone.

Marzo de 2010
Paco Huelva Cala

15 jun. 2011

Bernarda Alba y mi guiño a Lorca



Se puede tomar un personaje literario prestado? ¿Uno clásico, conocido?
No hay nada prohibido, me dije, pero ten en cuenta tres cosas:
Primera.- que es un préstamo y tiene que merecer la pena.
Segunda.- no olvides de dónde viene.
Y tercera.- báñale en tu propio estilo.

Y así nació Bernarda Alba... Pérez. Una mujer de 60 años, mandona, gruñona, llena de amargura, siempre vestida de luto y viuda; abuela de la protagonista de mi novela Las palabras del viento. Otro drama rural como La casa de Bernarda Alba... y ¡tan diferente! Llena de mujeres, pero con hombres... reales, muy reales porque yo lo soy.

'La casa de Bernarda Alba fue la última obra escrita por Federico García Lorca, el joven escritor y poeta truncad
o por el fatal destino (¿dormido?) de España. La escribió en pocos días, durante la primavera del 36, poco antes de que le fusilaran en la guerra civil.
Siempre he admirado sus diálogos naturales sin grandes florituras innecesarias, y yo necesitaba una mujer ‘tan fuerte como un oso’ ‘con nombre de oso’. No lo dudé, Bernarda Alba era perfecta. Me tocaba hacerla crecer, menguarla, que viviera la gran mentira de la literatura por segunda vez. O quizás fue una casualidad como mi descubrimiento por puro azar del amago de Guernica casi silenciado que ocurrió en Sigüenza (Guadalajara), quién sabe... nunca creas al pie de la letra las mentiras compulsivas de un escritor. Y yo intento serlo, escritor quiero decir.

Cuando escribes una novela su protagonista suele llevar la huella del autor y Mercedes, la protagonista de mi novela, sin duda lleva el rastro del perfume de su autora, o algo más; pero yo me enamoré de mi Bernarda Alba. Su fortaleza y verdades aplastantes sin miedo a quedar mal con nadie me han ayudado mucho estos días.
Porque la gente habla mucho cuando debe callar, o como diría mi Bernarda:
- Y usté también se calla, señá maestra, que es una desgracia mu grande no saber callar...

Lo que empezó siendo un guiño a Lorca (pasión Lorquiana), se está convirtiendo en parte de mí.
Y... seguimos esperando, pero con ganas de volver a trabajar.
Mirando al frente.