Bueno... a mí nunca nadie me habló de la guerra, en mi casa no hubo bandos aunque nací en un cuartel; desde que cumplí los 13 años otro tema marcó mi vida. Pero siempre he sido curiosa e inquieta, y el tema de la guerra civil me atraía. No soporto las injusticias ni he creído nunca en la política... quizás sea por eso.

Me rechinan los dientes que, después de haberla estudiado medianamente y documentado para escribir algo sobre ella, aún deba pensar que hubo buenos y malos. Si antes de empezar a escribir la novela era Apolítica, ahora lo soy más todavía.
No creo en la política sino en el ser humano –unos días más que otros-, como Las palabras del viento.
¿Que cómo la viví? Como digo por ahí fue todo un reto; imagínate que de bruces te despiertas en el 36 o antes. Tú ya sabes lo que va a pasar, pero tus personajes no... y creas y escribes y vives con ellos.
Fui a Sigüenza, Pelegrina y la Cabrera –el pueblo que inspira la novela- varias veces, perdida alguna. Y anduve huyendo de la guerra por los caminos y los montes, y rocé el miedo y miles de historias ocultas y silenciadas.
Lo viví de una forma horrorosa y apasionante, y divertida a veces.
(quizá éste es mi penúltimo cartucho de promoción en solitario... quizás, quizás, quizás)
(quizá éste es mi penúltimo cartucho de promoción en solitario... quizás, quizás, quizás)