Doña Asunción había descrito alguna vez a Fernanda como una mujer de
hierro sereno, aunque poco a poco nos iba hablando sin palabras de su
sensibilidad.
Cuando volvimos a la sala de rehabilitación mi hija nos hizo llorar
de alegría al verla gatear por primera vez, tenía casi año y medio. El desarrollo
psicomotor de la niña se estaba despertando.
-El término psicomotor es impreciso –nos explicaba la fisioterapeuta-
pues engloba a la vez capacidades como
la compresión, la comunicación, el comportamiento y la ejecución motriz; no
obstante, si ya os reconoce y empieza a coordinar brazos y piernas vamos muy
bien.
No había que lanzar las campanas al vuelo y sí seguir trabajando.
Fernanda se fue y yo me quedé hablando y riendo con la fisio. Respirando
esperanza.
Dentro de una semana invitaría a Roberto a cenar para que viera a su
hija gatear por la alfombra del salón. Tenía demasiadas ganas de verle. Al
llegar a casa, y después de que vino la señora que se quedaba con Laura cuando
yo trabajaba, me fui al periódico. Hacía mucho tiempo que no silbaba y me gustó
sorprenderme. La conversación con Fernanda había removido cosas que ya creí
olvidadas para siempre, pero esquivaba pensar en mi madre y seguramente lo
hubiese seguido haciendo si aquella misma tarde no me hubieran encargado un articulo
sobre los niños en la guerra civil española.
Revisé la documentación que me habían dejado con sumo interés, y
aunque se me desgarraban las entrañas cada vez que sabía más, necesitaba
saberlo todo, tirar de hilos, investigar y estudiar lo que nunca debió ocurrir.
Habíamos vivido en una burbuja de silencio durante demasiado tiempo.
El gobierno de Suárez nos alejaba de una dictadura de cuarenta años, pero tan
despacio... “Hay que empezar a destapar poco a poco, sin llamar mucho la
atención”, decía mi redactor jefe. Tenía claro que quería centrar mi escrito en
los niños que sí vivieron la guerra en sus casas, más que en los exiliados a
otros países, o los enviados a Valencia, como la madre de doña Asunción. Necesitaba
documentarme más y decidí pasarme por la hemeroteca al acabar mi turno en el
periódico. Llamé a Roberto para que se quedara con Laura hasta que yo llegara.
Notó cierta ansiedad en mi voz y dijo que no me preocupara que él la dormiría y
se quedaría en casa toda la noche.
Antes de irme el jefe me recordó:
-Sin llamar mucho la atención, Mercedes, o nos cae un pollo...

Llegué a casa rota.
Nunca había reparado en las imágenes de la guerra civil; siempre me
habían dicho que recordar aquello era abrir viejas heridas, pero yo necesitaba
saber para entender, o recordar para poder olvidar como decía el abuelo, y en
las fotografías que miré esa noche sólo veía a mi familia. Mi madre llorando
entre las ruinas de la guerra, con un fusil a sus pies...
Roberto se asustó al verme llegar así, pero le dije que necesitaba
escribir y se pasaría. Se quedó dormido oyendo el ruido de mi máquina de
escribir, a mi lado...
<<Dicen los
viejos que en éste país
hubo una guerra,
que hay dos Españas
que guardan aún
el sabor de viejas
deudas...>>
Los niños de la Guerra Civil Española
son las víctimas inocentes
de la violencia que desencadenaron los adultos,
son los que sufrieron de forma pasiva sus
consecuencias.
Atrapados en medio de la pesadilla que asoló
España,
sus juegos y recuerdos quedarán señalados con
una marca indeleble
que arrastrarán durante el resto de sus
vidas...
No podrán olvidar aquellas largas
colas agarrados a sus madres
para adquirir alimento,
el hambre... los vales de
socorro, las carreras nocturnas para refugiarse.
Las noches de terror tan largas y
oscuras como su miedo;
“las incendiarias” con sus
colores, los obuses, los pacos, la quinta columna,
los no pasarán
frases que oían tan a menudo sin
saber lo que significaban...
El horror se esconderá en las
esquinas de los años jugando con granadas
desfilando con un fusil sobre el
hombro
en una guerra entre hermanos
donde el rencor y un odio sin
sentido dividió a las familias.
Una guerra que creó a niños
viejos
a niños soldados...
la quinta del biberón.
Siempre habrá un momento en sus
sueños
en los que seguirán tropezando
con los muertos de la cuneta
que alguna vez preguntaron
¿por qué me
matan?.
Cuando acabé el articulo me tumbé en el sofá, junto a Roberto, aún
llorando. Me quedé dormida un poco antes de que el timbre de la puerta sonara.
Era sábado y no había que ir al hospital.
Salí a abrir bostezando mientras oía a la niña llorar.
-¿Os he despertado? –preguntó doña Asunción al abrir la puerta.
-Ojalá me despertaran siempre así –dije dándola un beso e invitándola
a pasar-, me acosté muy tarde... ni me he cambiado.
-Vamos a ver a mamá –le decía Roberto a Laura entrando en el salón.
-Perdón... yo no sabía... es mejor que me marche –dijo doña Asunción.
-Que no sabías que la niña es mi hija, o que Mercedes estuvo trabajando
y yo hice de canguro... Vamos a la cocina y suelta las porras y el chocolate
que anoche no me dieron de cenar –le contestó Roberto con la niña en brazos.
Reí el desparpajo con el que el hombre que me quitaba el sueño había
resuelto una situación incómoda. Hice la papilla a mi hija y me fui a duchar
mientras Roberto y doña Asunción preparaban el desayuno en la cocina.
Alguien entró en el baño mientras me duchaba, contuve la respiración
y cerré los ojos durante breves instantes de eternidad al notar el aroma
varonil. Se fue. Salí de la bañera aún temblando. Vi que había escrito en el
espejo con mi lápiz de labios: lo siento.
-¿Vienes ya o no? –oí preguntar a doña Asunción desde la cocina
mientras limpiaba el espejo.
1 comentario:
capítulo clave, y canción clave en la novela y en mi vida.
Hace muchos años, cuando vivía por y para la película Grease, en un festival que se celebraba en mi barrio, a mí me tocó formar parte de un grupo que imitaba a Jarcha.
¿a quién?
vale, lo hice porque estaba al lado de 'nuestro' J. Travolta.
Tuve que aprenderme 'Libertad sin ira', imagino que si hubiera cantado en chino me hubiera enterado más de lo que decía...
¿Quién me iba a decir a mí que esa letra me haría llorar tantas veces?
Y que un día me daría pie a escribir el poema más intenso, tétrico y bello de una de mis novelas.
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